Por Macarena Lavín
Nunca antes habían tocado juntos. Siempre hay una primera vez para todos en el Trafixx la noche del 3 de octubre. Estilos absolutamente distintos y un mismo público sólo engatuzado por pasarlo bien no más.

Fother Muckers abre con “Los Ases Falsos”, con las verdaderas gropies ahí en primera fila. (Anda a ponerte delante de ellas). Se saben cada línea. El lugar está atiborrado de gente, que mira hacia adelante aunque no pueda mirar nada. Han puesto un escenario con una alfombra donde a duras penas cabe la batería, tocada por un reemplazante, y Briceño arriba de un amplificador en más de alguna ocasión.
Un acople como carta al siguiente single es uno de los muchos comentarios del cantante que adora hablar. “I fought the law”, “Hector” y “Vivan los Fother Muckers” cierran con la misma euforia. Tocan fuerte, rápido e intenso. Les gusta salir en la radio pero no despegan la suela de los antros como el de anoche. Porque ahí es donde está la esencia de un grupo de rock. No vengan con los grandes estadios.

Electro punk pop de garage, para los que odien las etiquetas, podría ser lo que hace Adrianigual. Tampoco le hacen asco a las guitarras acústicas y cantan hermosas canciones como “Las Niñas”. Los pacos están afuera. Se prenden y se apagan las luces y Diego Adrián paró en seco la actuación para salir a la pieza de atrás a fumar unos cigarros por un rato. Si había terminado, no se sabía. Pero volvió a cerrar con “S.O.S.” y la magnífica “Mística Espiral” que mueve todos los esqueletos como si uno estuviera en una montaña rusa. Ellos no hicieron caso a otro bis. Sólo se sentaron juntos los tres detrás del teclado. Adiós tocata, bienvenida fiesta.